lunes, mayo 05, 2014

Lo que solía escribir



Siempre pensé que la existencia, oscura y remota, de nuestra especie sería aún menos apreciada en el horizonte de nuestra extinción si no existieran quienes intentaran salvar su recuerdo.

Parece raro, y durante algún tiempo creí de hecho que cualquier intento humano por evitar nuestro olvido sería tan vano como cualquier hoja elevada al viento de su azaroso destino, porque, después de todo, no elegimos cómo nos recuerdan ni quién juzga lo que hicimos como trascendente o banal.

Así que para mí sonaba un poco inútil la osadía de querer preservar la memoria nuestra historia, esa que sería fácilmente olvidable en el universo cuando ya no estemos. Pero también entregar lo que fuimos al juicio del tiempo y fuerzas ajenas me parecía mediocre. No podía simplemente permitir al universo ver a nuestra especie como algo que no fue.

¿Qué somos? "Lo que queremos ser" es siempre mi respuesta. Somos los que queremos ser. Por eso los artistas son tan valiosos para mí, de ahí nace mi admiración; ellos no se rinden, no asumen que el recuerdo de esta especie está perdido o condicionado a lo que algún ente externo quiera percibir de nosotros. Ellos aún creen que podemos tratar de que nos vean del modo en que quisiéramos, del modo en que fuimos como especie. Y retratan, capturan y exhiben cada aspecto de lo que somos, de lo que fuimos, de esa muestra de que nuestra especie no se limita a claudicar.


Ellos son arte: el reflejo de que estuvimos aquí e hicimos cosas, de que no nos rendimos aunque el objetivo que perseguíamos fuera más grande que nosotros e imposible de conseguir. Ellos muestran que comprendimos, de la manera limitada en que pudimos, al universo, y que siempre quisimos mejorar esa comprensión.

lunes, noviembre 25, 2013

Reseña : El que habla con los muertos (Primer libro de la saga Crónicas Necrománticas)

Titulo original: Necroscope

Autor: Brian Lumley

Sinopsis: Un terrible demonio se encuentra en los Balcanes, en Rumania. Enterrado desde hace siglos en suelo consagrado, aprisionado por cadenas de plata y por la tierra, el vampiro urde siniestras conspiraciones. Boris Dragosani es utilizado por los servicios secretos rusos como el humano intermediario del vampiro. Dragosani está deseoso de explorar la insondable maldad del vampiro, y éste le enseñará las horribles artes de la nigromancia, otorgándole la capacidad de arrancar todos los secretos de la mente y el cuerpo de los muertos.


Hoy en día, los magníficos seres creados ya hace más de un siglo por el gran escritor Bram Stoker, han sido llevados a la prostitución y denigración de su esencia, pues escritores, directores de cine y televisión han puesto su estúpida e imbécil “perspectiva” de cómo es un vampiro a la orden de jóvenes que lo único que hacen es dejarse guiar por los estúpidos romances clichés y por la belleza física de sus intérpretes.

Sí, mi generación será recordada como la que hizo de los vampiros seres estúpidos sin carisma, elegancia, ni esa aura de oscuridad que hacía de los vampiros seres temibles y feroces, pero a la vez con ese toque de elegancia y mística que los hacia personajes excepcionales en cualquier medio artístico en que estuvieran integrados.

Por eso hoy quiero hablar de una gran historia escrita ya hace más de una década pero refrescante para cualquier persona que quiera leer una buena historia de vampiros, monstruos y seres mundanos salidos del vástago mundo de ultratumba.

El que habla con los muertos o en su título original (Necroscopio), el libro número 1 de la saga Crónicas necrománticas es una estupenda forma de mostrarle a esos directos y escritores estúpidos, como se puede tener una perspectiva diferente de un vampiro, sin perder su esencia.

Necroscopio es un libro que nos transporta a un mundo oscuro en guerra, combinando la fantasía, ciencia ficción, un poco de humor negro y horror. Esto hace una conjunción muy atractiva para muchas personas, haciendo de este, un libro interesante desde su título.

Necroscopio es un libro con ambientes estupendos, muy bien cuidados y detallados. Las atmósferas que logra crear el escritor son maravillosas, combina perfectamente los paisajes naturales fantasmagóricos con los ambientes típicos del horror.

Los personajes son excelentes cada uno con personalidades muy precisas y detalladas, son personajes carismáticos. Lumley hace un estupendo trabajo con los personajes, ya que durante la obra nos va detallando a cada personaje, haciendo que tengamos una mejor conexión con la historia y los personajes.
El libro está escrito en forma “no lineal” esto quiere decir que Lumley nos describe muchas historias que al final son juntadas con gran maestría, haciendo que no se pierda el interés por la historia principal.

Necroscopio es un libro que cualquier amante del horror, los vampiros (los buenos vampiros), la fantasía y el humor negro debe leer. Y  si le gusta, procurar leer la saga completa. El único punto negativo que le veo al libro es que Lumley en su afán de engranar perfectamente la historia, hace una transformación de argumento  “poco usual” la cual hace que el argumento se perdía un poco, pero al final termina siendo poco determinante, pues el desenlace y producto final son excelentes.

En general el primer libro de crónicas necrománticas es una buena entrega, buenos personajes, buenos ambientes, buena historia, todo está muy bien escrito, obviamente no esperen una prosa fabulosa, pero Lumley tiene una narrativa correcta y una prosa correcta para lo que quiere escribir.

Como final quiero decir que comenzare a leer el segundo libro de la saga y si no pasa nada fuera de lo común, seguiré haciendo reseña de esta saga.

Puntuación: 8.0 Buena obra

"Los Juegos del Hambre: En Llamas"



En Llamas, la vilipendiada, la esperada, la ignorada, la contundente. El escenario en que transcurre está en un estado de afectación tal que apenas es tangible la carga emocional que deben llevar sus protagonistas, pero se logra, a pesar de lentitud apreciable en ese aspecto. Si, es un pelín confusa.

Confiaba en Francis Lawrence, y lo que hizo está más allá de lo que yo esperaba de esta cinta. ¿Palomitera? De las mejores de este año. Busca entretener, busca prendarte a la historia que transcurre ante tus ojos para que no te quede más remedio que verla, consigue aquello que fue a buscar: ser un aceptable taquillazo (no mariconadas como The mortal instruments) pero además se lleva el premio: ser inintencionadamente más de lo que pretende.

No esperaba que captase tan bien la emoción, el llanto, la desesperación, no esperaba que fuese clara respecto a lo que impulsaba a cada uno a cultivar tal deseo de rebelión. Porque si "Los Juegos del Hambre" era una babosada llena de seres mundanos que se conforman con no ver morir a los que quieren, "Los Juegos del Hambre: En Llamas" cultiva el inconformismo y la insatisfacción de una forma certera. Aquí hay de dónde comprender al personaje, de dónde profudizar brevemente, lo cual me lleva a otro punto destacable: Las actuaciones. Woody Harrelson, Jennifer Lawrence y Stanley Tucci, en ese orden, lograron las mejores interpretaciones en la cinta. Jenn sorprende con su, aún en proceso, camino a la madurez actoral; Woody es Woody, y no podría interpretar mal un papel que le queda tan bien (recordemos la pasada premier de "Free Birds", ta-chan); Stan logra mi simpatía por tan creíble carisma, además, ¿quién no sonrió al verle tan hipócritamente entusiasta aún ante el borde del abismo?

En "En llamas" Panem resulta más oscuro y verosímil que en su predecesora, enmarcando escenas de acción bastante mejor logradas (tomando en cuenta el corte más suave de la segunda entrega de la trilogía en comparación a la primera), una historia en general más interesante, que (y en esto aplaudo a Francis Lawrence) no adolece de pesadez, mantiene un buen ritmo a lo largo de sus dos horas y media, y es entendible (en su medida, ya dije que es algo confusa) para el no conocedor de los libros.

Aquellos que llevamos más de dos años esperando a por esta adaptación agradecemos lo bien hecha que está, y que no sea un somnífero fulminante de casi tres horas de duración. La banda sonora pudo estar mejor.

Calificación: Un 8 cerrado. Por tanto tiempo de espera, tanto amor a la historia, y la satisfacción de no ser Crepúsculo, Hermosas Criaturas o Percy Jackson.

domingo, septiembre 29, 2013

Nihilismo o estupidez

Las cosas siguen pareciendo normales a pesar de la fatalidad implícita en todo. Cada año, esperando que algo cambie en ese mundo diario que es tan igual siempre, no existe providencia humana ni divina, ni siquiera un azar belicoso que haga que las cosas sean como son. Todo es simplemente porque así se nos presenta, y podemos actuar en cada situación dependiendo de nuestras capacidades.

Creo que no hay nada que provenga de nada, realmente no me importa que sucede en el futuro, qué sucedió en el pasado, ¿qué cadena une a los aconteceres diarios que los hace formar parte de un todo? No formamos parte de un todo. Las cosas serán siempre lo que logremos que sean, no hay un verdadero sentido en lo que obtenemos de las situaciones diarias. ¿Tiene sentido? ninguno.


A nuestras situaciones las une el superfluo hecho de que nos acaecen a nosotros pero, en la vastedad del horizante de posibilidades de la existencia, ¿qué nos hace pensar que somos nosotros quienes importamos? Porque cualquier suceso que nos haya ocurrido pudo haberle ocurrido a cualquier otro, por cualquier motivo. Si nos ocurre a nosotros, ni siquiera el azar importa en este caso. El azar es ese flujo de cosas que pasan sin motivo ni detonante: cosas que no podemos controlar, ¿por qué habrían de importarnos? Yo ignoro al azar tanto como a cualquier otro influjo que tengan los acontecimientos en el futuro de todo lo que encuentro a mi alrededor.

Asumo que las cosas estarán allí por alguna razón sin importancia, y si no lo están, será por algo. Algo, por supuesto, que está fuera de mi control. Las leyes, las normas, la moral. El hombre siempre ha anhelado el poder de controlar las cosas, lo cual me parece un absurdo tremendo. ¿Y si la humanidad llegase a un punto en que pudiera controlarlo todo: las leyes físicas, las normas sociales, la "conciencia" de todos los seres que pueblan este planeta insignificante? ¿Entonces qué? Yo digo que entonces se daría cuenta del tremendo absurdo que es. Estar en el pináculo de la existencia (que no de la "creación" -con muchas comillas-) sólo debe servir para aburrirse, para advertir el sentido del que carece nuestra vida, y la de cualquier otro ser que habite este confín cerrado que llamamos 'universo'. Nada tiene un sentido practico, ni lógico, ni moral, eso es lo que pienso; las personas se las han arreglado durante siglos para escapar de esa sinrazón de la existencia. Vivir sin un propósito, ellos lo sabían, es tremendamente vacío. La vida, la existencia, es tremendamente vacía.


Muchos dicen que todavía se pueden intentar hacer cosas, distracciones vanas para una vida que está destinada a no perdurar dentro de la vastedad del cosmos. "El infinito", ese sentirse parte de algo, sentirse parte de su propio proyecto de construcción. Las personas suelen intentar construir cosas, familias, hazañas, historias, edificaciones para la posteridad. Cosas que podrían resultar exterminadas en milésimas de segundo con el hálito pesadumbroso de una explosión. Y también cosas que quedarán en el paso de los eones. Sin sentido todas ellas, sin una finalidad.

Nada, por muy longevo que sea, perdurará. Y yo parezco muy fatalista porque muchos desean pensar que valdrán algo para alguien cuando ya no estén aquí. Yo dudo que el último hombre sobre la tierra se acuerde de Da Vinci. Yo dudo que el último ser en el universo recuerde nuestra herrática especie, nuestro modesto planeta, eso que quisimos edificar para que fuese algo entre la nada. Pero intentamos cosas aunque nadie vaya a recordarlas jamás. Con eso somos muy ególatras, muy optimistas, demasiado esperanzados. Ocupamos nuestro propio espacio, que será nada cuando ya no estemos para identificarlo como propio. Ocupamos nuestro tiempo en cosas, hacer algo nos permite creer que lograremos algo realmente. Hacemos cosas, intentamos hacer otras, vivimos en el devenir de las situaciones, creemos tener el control sobre algo. Creemos ser alguien. Finalmente, y con todo, opino que el único modo de perdurar en un organismo infinito que se come con el tiempo así mismo, es destruirlo.

lunes, septiembre 23, 2013

Un suceso

Un día pasé frente a la sucia esquina de una taberna en la avenida Quackenbos, lugar por el que no había pasado antes y el cual me atrajo de un modo raro.

Algún tipo de angustia interna me había sacado de mi casa y, ya en la calle, estuve vagando torpemente por las pocas calles que conocía; recorriendo el asfalto, el césped, los baldosines, hasta que sentía que me estaba desviando de mi camino y volvía a retomar una senda conocida. Me sorprendía en varias ocasiones tratando de recalcar el camino que debía seguir, me sorprendía porque yo nada conocía de aquella ciudad, y la excitación pasmosa de la exigencia me resultaba extraña. Así me descubrí en no pocas ocasiones, escudriñando el motivo de mi caminata mientras me decía internamente que faltaba poco para llegar.

Al cabo terminé en la avenida previamente mencionada, todavía con la sensación de no haber llegado a mi destino, poniendo esa sonrisa falsa y esa mirada llana que me causaban las mujeres mientras me acercaba a la esquina sucia de la taberna.

Me había llamado la atención su porte singular. Una mujer vestida así frente a un sitio como ese, no dudaba que fuera una puta, pero no lo parecía. O, convengamos, tal vez era una puta elegante, de esas que nunca podemos permitirnos pagar los miserables sin suerte como yo.

Quizá aquel día me sentía con suerte, no lo recuerdo. A veces, simplemente deseamos intentar hacer cosas aunque sabemos que nos van a salir mal, a veces somos medio masocas.

—¿Cuánto cobras? —Había llegado a su lado, puesto un pie en el bordillo de la acera y mi mirada vagó alrededor.

Luego el mundo fue un borrón fugaz de esa horrible sensación de ser humillado públicamente. Así terminé con un puntapié en la pantorrilla y gas pimienta haciendome perder la noción de varias cosas. Deseé largarme de inmediato, pero estaba en el suelo y veía tres manchas grandes a mi alrededor.

Eran tres tipos, lo supe por la posterior patada que recibí de lo que reconocí como una zapatilla deportiva. No sé, mi visión era limitada, la muy puta me había vaciado el gas pimienta en la cara. Recapitulando, creo que se molestó conmigo, y el hecho de que tenga tres guardaespaldas y esté en un sitio como éste me hacia plantearme varias preguntas. En primer lugar: ¿Por qué estaba yo allí precisamente en aquel momento y dije aquellas palabras?
Puedo ser tonto a veces. No fue sino hasta que me sentí arrastrado hacia una camioneta cuando reccioné. La superficie era rugosa, tras lo cual deduje que no estaba amoblada. Además, el olor punzante a marihuana me estaba mareando, y para mi era obvio que estaba en un problema gordo.

¿Han visto esa sensación de no estar entendiendo una situación y que de repente suceda algo inexplicable? Pues no sé cómo terminé en un depósito extraño y en medio de la más desconcertante oscuridad. Lo primero que sentí fue ese vacío y subidón de adrenalina cuando te arrojan hacia un lugar desconocido. Luego supe que mi cuerpo aún funcionaba a la perfección, cuando me golpeé contra el suelo y noté mi sangre correr formando un charco a mi alrededor. No lograba incorporarme, así estaba cuando entró alguien.

Oí el ruido de los tacones y luché por ver su rostro en la oscuridad—¿Qué me van a hacer?

—Hola. Mi nombre es Jeane. —Su tono era suave, rápido, algo burlesco.

—¿Qué me van a hacer? —Repetí.

—Tal vez nada. ¿Cuál es tu nombre? —Su mano tomó la mía mientras yo yacía en el suelo. Me encogí inmediatamente, observando con avidez en busca de algún destello de luz, alguna marca, alguna chispa de reconocimiento.

—Paulo. —Tragué saliva, apartando mi mano de la suya.

—¿Apellidos? ¿Tienes familia, Paulo? —Interrogó.

—Supongo que no tiene mucha experiencia en interrogatorios, señorita. Suponer que le respondería algo de eso... —Me burlé, sobrecogido y medio trastornado.

—Ah, pero usted sí que la tiene. ¿Cuánto cobra, Paulo? —Un presentimiento oscuro me invadió. Me sabía acosado por su mirada, escudriñado por toda ella. Palpé la sangre abundante en el suelo y traté de pensar.

—Era una pregunta lógica, ¿No lo cree? —Intenté sonar simpático. Mis extremidades temblaban, me había golpeado demasiado fuerte, mi oído y todo mi costado izquierdo dolían.

—Juzgar a las personas por los sitios que frecuentan suena lógico. Pero para actuar se debe tener mesura.

—¿Y? Ustedes, los que me trajeron aquí, no la han tenido. ¿Juzgué bien, no es así?

—Ojo por ojo, Paulo, el mundo es así. Ya que estuvo esperando problemas, había que dárselos.

—Gandhi habría dicho "y todo el mundo quedará ciego".

—Tal vez nos guste la ceguera, dejaríamos de ver con tan malos ojos. Además, Gandhi no iba a una taberna de mala muerte esperando encontrarse a una prostituta en la esquina, y sacar ojos es como una forma de arte.

—Todo esto es muy surrealista, ¿sabe? —Mi dedo formaba círculos con la sangre, que empezaba a espesarse. —Yo no quería ir allí, en primer lugar. Aparte, si no me esperara que un tipo que sale corriendo de una tienda fuera un ladrón, ¿qué sentido tendría correr para alcanzarlo?

—Podría no correr, simplemente. No es usted muy correcto, Paulo, no me está cayendo bien.

—Aún creo que es una maldita prostituta, no me importa si le caigo bien. Estoy intentando comprender qué hago aquí.

—¿Qué cree que hace aquí?

—Aguardar mi muerte.

La luz se encendió, las paredes se iluminaron y la luz mostró una habitación hecha de ladrillos, sin techo. El piso era de cemento y no había nada alrededor, sólo la mujer de tacones rojos y un gabán de piel que la cubría desde el muslo hasta los hombros, sosteniendo un arma.

—No debe suponerle una sorpresa, pero acertó. —Y no reconocí más que el destello de saberse perdido irremediablemente.

lunes, septiembre 16, 2013

Reseña: El perfume

Título original: Das Parfum, 1985.

Autor: Patrick Süskind.

Sinopsis: Jean-Baptiste Grenouille ha nacido, siguiendo las ironías de la vida, en el lugar más pestilente de Francia. Rodeado de olores, y siendo un ser sin olor; rechazado por carecer de esa marca característica que identifica nuestra humanidad. Poseedor de un don excepcional, su sentido del olfato no tiene comparación, y su genio como perfumista es inigualable. Así, en la cima de su oficio, su obsesión por un olor particular puede llevarle a extremos inusitados.



Este es un libro que ha leído todo el mundo, ¿no me creen? echan un vistazo a cualquier foro literario. Así pues, cuando lo encontré de casualidad por mi casa se me dijo "es un bestseller, y no es malo, es lo siguiente". Debido a esto, lo leí sin mucha expectativa, y me sorprendió agradablemente.

Grenouille es un genio incomprendido, como tantos que transitan en el vasto universo de la literatura. A él le diferencia de los demás el don con el que ha nacido, y su extraña condición de no poder emitir olor alguno.

Aquí tenemos su conflicto, desarrollado a través de toda la obra y el fondo de la misma. Es numen en su arte, y un monstruo en su defecto.

Arte rara por demás, y convertida en una obsesión para Grenouille, quien a base de insistencia y sagacidad llega a convertirse en un maestro en aquello concerniente al mundo de los olores.

Defecto diferenciador y determinante, que se vuelve una barrera entre él y la humanidad.

Como no podría ser de otro modo, poseer aquel tipo de don extraño le condiciona a analizar el mundo desde una escueta perspectiva muy personal. Los seres aislados tienden a desarrollar cierto tipo de superioridad que pretende justificar su falta de empatía con el mundo, a él le sucede algo parecido.

Grenouille reflexiona demasiado. Tal vez tratando de esclarecer cuál es la determinante que le diferencia del resto. Su falta de olor y su reinado sobre los olores eran elementos interrelacionados de un mismo ser que buscaba identificarse a si mismo.

Dije "reflexiona demasiado". Es decir, sino te identificas no te identificas, y entonces la novela puede parecerte intragable. No es, como otras obras de contexto parecido, un libro con varias perspectivas. Eres Grenouille, y nadie más. Ningún otro personaje tiene la fuerza suficiente como para ser llamado "personaje"; con lo cual se pierde interacción, con lo cual el autor tal vez quiso meternos dentro del mundo interno de Jean-Baptiste, pero limitó la obra.

Discuto este aspecto, el principal y más fastidioso defecto del libro, pues te obliga a establecer una identificación con el protagonista aunque no quieras. No es libre, no circula, no es una obra que puedas ahondar; todo está allí, ninguna reflexión puede sacarse de las de Grenouille, a menos que seas Grenouille.

Por otro lado, es bastante interesante, un personaje muy completo, un personaje que quieres conocer. El final del libro es muy personal, muy de Grenouille, quizá culminando ese proceso durante el cual le conocemos. Pero tal vez lo que más agrada de la obra son las descripciones exquisitas de Patrick Suskind. Buen narrador, logra propalar de un modo profundo las percepciones de su personaje.

Al final el perfume pasa a segundo plano por el protagonista. El olor, y esa atmósfera brillante de genialidad y bajeza que había logrado el autor, se diluye creando una novela más. Y es una pena.

Opinión: Estaba prevenida a no encontrar una buena novela, y eso creo que me ahorró una decepción. Está demasiado ensimismada, un libro muy replegado en sí mismo. Es bueno, aquello que tiene es bueno, pero le faltó mucho más. Si, es fascinante el modo en que se recrea un mundo desde una característica tan primordial y anodina como su olor; si, es punzante e insistente en la reflexión que lleva a cabo. Pero no me basta. No me malentiendan: He leído algunas novelas que transcurren desde la perspectiva de un único personaje, pero esto de, además, añadirle una propensión ególatra a que todo recaiga en sí mismo no me cautiva para nada. En general es buena, me gustó, es atrapante, bien narrada, bien estructurada, no puedo decir que es mala pese a sus defectos. Y agradezco el ambiente clásico, tan echado en falta y tan preciado.

Calificación: 6.5.

sábado, agosto 31, 2013

Reseña: Fahrenheit 451






Titulo Original: Fahrenheit 451

Autor: Ray Bradbury

Critica: En una sociedad como la actual, donde ver a un joven con un libro en la mano es una rareza y más si es de las sociedades de tercer mundo como la mía. Y es aún más raro ver a un joven que se interesa por las obras clásicas, ya que hoy en día la mayoría de entretenimiento para jóvenes está lleno de argumentos sin alma, personajes sin carisma etc. Pero no hablare sobre mi disgusto con el entretenimiento actual , para no entrar en controversia. Me limitare a hablar de Fahrenheit 451 una obra majestuosa.

Comencé con esa pequeña introducción ya que el señor Ray Bradbury  de manera magistral nos da una crítica social muy interesante que se asemeja un poco a la que hice al principio de esta reseña. Ray Bradbury nos presenta un mundo del cual no estamos muy alejados, un mundo donde prevalece el estilo sobre la sustancia, donde todo es frió y sin ningún rastro de trasfondo, un mundo donde todo es superficial, desde la forma de vivir, hasta la forma de ver las cosas.
Ray Bradbury a través de sus personajes nos ayuda a entender en que nos afectaría, no solo personalmente sino también socialmente un mundo así.

Los personajes están muy bien descritos y podemos ver claramente cómo afectan los conflictos sociales en cada uno de ellos y de qué forma afectan a la toma de decisiones durante la obra. El protagonista va creciendo a medida que crece la obra, buscando siempre ese sentido que le falta a su vida.

Sobre su narrativa, el libro está muy bien escrito si bien no es una narrativa increíble Bradbury se esfuerza por darnos una historia sencilla pero con un trasfondo muy relevante. Su prosa no es muy rica, pero no me parece un punto relevante ya que como dije antes el autor lo único que quería era regalarnos una historia simple que nos invita a reflexionar.

Opinión: Fahrenheit 451 es una obra imprescindible para los amantes de la ciencia ficción y los mundos distópicos , una obra sencilla pero de una calidad increíble. Una trama muy bien desarrollada con un mensaje claro, directo y conciso. Una obra que nos invita a la reflexión de nuestra sociedad. Un homenaje a aquellos que nos apasionan esos maravillosos objetos llamados libros.

Calificación: 9.0 Es uno de esos libros que todo el mundo debería leer.